vivir sin luz, personas en la oscuridad

¿Es Ético Vivir sin Luz? Bioética, Energía y Dignidad en Puerto Rico

Vivir Sin Luz

“Y dijo Dios: ‘Sea la luz’; y fue la luz.”Génesis 1:3

Vivir sin luz no es una metáfora espiritual para muchas comunidades en Puerto Rico: es una experiencia concreta, repetida y desgastante. Los apagones extensos, el sistema eléctrico inestable y la desigualdad en el acceso revelan una crisis que no es solo técnica, sino profundamente ética.

En las Escrituras, la luz no es solo un fenómeno físico, sino una señal de orden, esperanza y vida. El primer acto creador de Dios fue precisamente la luz (Génesis 1:3), porque sin ella no hay condiciones para sostener lo vivo. En nuestra época, la electricidad cumple una función semejante: habilita salud, educación, comunicación, cuidado y dignidad.

Jesús dijo: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10). Esa vida abundante no se reduce al alma. Incluye el cuerpo, la casa, la comunidad. Por eso, cuando un pueblo vive con miedo constante de quedarse sin luz —sin poder refrigerar sus medicinas, sin estudiar de noche, sin conectar con el mundo— la vida se encoge. Y eso, desde la fe, importa.

El profeta Isaías lo dijo con claridad: el verdadero ayuno no es ritual, sino justicia. Es compartir el pan, abrir el hogar, hacerse cargo del hermano (Isaías 58:6–8). Y cuando esto ocurre, dice el texto, “nacerá tu luz como el alba”. Hoy, compartir la luz no es solo metáfora: es asegurar el acceso a lo esencial. Es un acto de justicia encarnada.

La realidad es que vivir sin luz en pleno siglo XXI no es una elección, sino una imposición para miles de puertorriqueños. Y esa imposición deteriora la salud física, emocional y espiritual de nuestras comunidades.

Un estudio del Natural Hazards Center, titulado “Impact of Infrastructure Disruptions on Puerto Rican Household Capabilities, Health and Well‑Being”, documenta cómo los cortes de electricidad afectan capacidades esenciales del hogar: conservar alimentos, refrigerar medicamentos, mantener temperatura adecuada y cuidar de personas vulnerables. Las familias reportaron pérdidas económicas, ansiedad y deterioro emocional. (hazards.colorado.edu)

Por su parte, el informe del Institute for Energy Economics and Financial Analysis (IEEFA)“Toward Electric System Sustainability in Puerto Rico”, advierte que los hogares puertorriqueños pagan más por un servicio cada vez más inestable. El documento propone una transformación hacia fuentes renovables y generación distribuida como solución realista y ética. (ieefa.org)

Vivir sin luz no solo expone a enfermedades o accidentes: también limita el desarrollo, la educación, el trabajo y la capacidad de florecer. Es una forma moderna de exclusión que muchas veces pasa desapercibida por quienes gozan de energía constante.

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Pero no todo son malas noticias. Ya existen modelos locales que pueden guiarnos hacia soluciones éticas y sostenibles.

Un ejemplo concreto es la Cooperativa Hidroeléctrica de la Montaña, la primera cooperativa eléctrica en Puerto Rico. Ubicada en municipios como Adjuntas, Jayuya, Lares y Utuado, busca generar energía limpia mediante microrredes solares e hidroeléctricas que brinden resiliencia energética incluso cuando falla la red central.

Asimismo, en la comunidad de Castañer, el Laboratorio Nacional de Energía Renovable (NREL) evaluó la viabilidad de una microrred solar con almacenamiento para mejorar la autonomía energética local. Este tipo de iniciativa no solo es técnica: es profundamente ética, porque devuelve control y dignidad a comunidades históricamente olvidadas. Lee el informe técnico del NREL sobre Castañer aquí

La pregunta es: ¿estamos dispuestos a dejar de ver como normal que tantos hermanos y hermanas vivan sin luz, mientras muchos de nosotros encendemos el interruptor de luz sin pensarlo?

¿Qué podemos hacer como cristianos comprometidos con la bioética?

— Apoyar políticas públicas que garanticen el acceso equitativo a energías limpias.

— Involucrarnos con proyectos locales de resiliencia comunitaria, como cooperativas o microrredes solares.

— Comenzar a imaginar nuestras iglesias, templos y centros comunitarios como espacios energéticos seguros y solidarios en tiempos de crisis.

— Educar sobre la relación entre justicia energética y dignidad humana, desde el discipulado hasta el púlpito.

— Orar, sí. Pero también encender pequeñas luces donde más se necesita.

Porque defender la vida también es defender el derecho a vivir con luz.

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